19F Madrid: La manifestación que resultó ser dos
Madrid. Domingo 19 de Febrero. 12 y media de la mañana. Confluencia de la Gran Vía con la Calle Alcalá. La manifestación convocada por CCOO y UGT contra la reforma laboral marcha en dirección a Sol a buen ritmo. Primer dato objetivo: no hay nadie en el cuerpo de la manifestación que sea joven, nadie en ese área entre los 20 y los 35 años. Se han evaporado. La mayoría de los participantes en la movilización están en torno a los sesenta años con excepciones notables de gentes de cuarenta. La mayoría son varones. Un mar de banderas se mueve lentamente. Hace calor. No se canta. La manifestación destila cierto tedio. Un tedio que parece acompañar a sus participantes como una mochila. No es resignación, pero desde luego no es alegría. El gesto más expresivo son los silbatos repartidos por los cuadros sindicales que suenan de tanto en tanto. Se mueven de forma agrupada en grandes bloques. Hay muy pocas pancartas. Sólo de tanto en tanto se apunta un color, algo distinto. Y nunca falla. Siempre es la marea verde con una conga o un dragón improvisado, etc.
La cosa podría haberse quedado ahí, pero según la movilización va pasando se produce un efecto extraño. De pronto, otro segmento de edad hace presencia y cambia el tono de la movilización. Carteles improvisados, pancartas por todas partes, mensajes irónicos, rimas improvisadas. Padres y madres con sus hijos, parados que no salían en Los lunes al sol, trabajadores autónomos, informáticos, estudiantes universitarios, licenciados en todo y nada. Otro mundo. Otro planeta. Acompañan al “bloque crítico” convocado desde la Asamblea General de Sol, pero es difícil saber si se sienten apelados directamente por su condición de “crítico” con los sindicatos o simplemente sienten que ése es su bloque por ser el convocado desde Sol. En realidad, poco importa, porque sólo la presencia de la gente, su forma de estar en la calle, ya transforma ese segmento de la manifestación en otra cosa. Ese “estar” no se expresa sólo en la edad o en el aspecto, el tono de los cánticos (aquí sí hay), en el mar de manos levantadas en signo afirmativo que aprendimos este Mayo pasado y que aparece de tanto en tanto como un código morse colectivo. También se expresa en que la movilización enfila alegre, encabezada por la pancarta del bloque crítico, hacia Gran Vía, como sucedió tantas veces a lo largo del verano y el pasado 15 de Octubre.

ceronegativo
Un hombre, que está a mi lado me dice que no vaya con ellos, que son “otros”. Le digo que por qué dice eso, pero no sabe explicarme. Le digo que llevamos haciendo eso desde hace meses, tomando la calle tranquilamente, pero con absoluta determinación, le digo que no se preocupe, que somos muchos, que no va a pasar nada. La policía, de hecho, está desbordada por gente que no le concede demasiada importancia. Abren el camino para que un pequeño grupo de esos que suben hacia arriba pase. El sentido es evidente, dejar pasar a unos y luego volver a cerrar, identificarlos como los “otros” que sirven para componer una foto cómoda para el Gobierno. Pero no pueden. No pueden porque más y más gente les desborda y tienen que abrir del todo. El señor con el que hablaba ya se ha ido.
Una crítica, entonces, que no se expresa en el decir, sino en el hacer. Un ser otro que no se construye por diferencia, sino como suma. Otro amigo me dice que somos “el condimento”. No es una movilización que parasita a la sindical, tampoco el motor de la misma, sino una otra forma protagonizada por otra gente.
La cuestión entonces es:
¿Cómo construir un conflicto en torno a la reforma laboral que tenga en cuenta, al menos, a las dos composiciones? ¿Qué derechos necesita cada una de las dos composiciones y de qué manera podemos expresarlos?
Eso no podemos responderlo aún. Son las prácticas las que determinan el espacio político. Son las herramientas las que resultan importantes. Pero el 19F, el movimiento que nació en Mayo enfrentó por primera vez una cuestión estrictamente ligada a lo laboral, a lo productivo y reproductivo, a los derechos y a las organizaciones tradicionales. Y demostró ser una anomalía que no puede ser reducida ni representada por las cúpulas sindicales, sino que tendrá (tendremos) que encontrar, un camino propio.
Guillermo Zapata / @casiopeaexpres
19F Madrid: La manifestación que resultó ser dos:
Madrid. Domingo 19 de Febrero. 12 y media de la mañana. Confluencia de la Gran Vía con la Calle Alcalá. La manifestación convocada por CCOO y UGT contra la reforma laboral marcha en dirección a Sol a buen ritmo. Primer dato objetivo. No hay nadie en el cuerpo de la manifestación que sea joven. Nadie en ese área entre los 20 y los 35 años. Se han evaporado. La mayoría de los participantes en la movilización están en torno a los sesenta años con excepciones notables de cuarentones. La mayoría son varones. Un mar de banderas se mueve lentamente. Hace calor. No se canta. La manifestación destila cierto tedio. Un tedio que parece acompañar a sus participantes como una mochila. No es resignación, pero desde luego no es alegría. El gesto más expresivo son los sílbatos repartidos por los cuadros sindicales que suenan de tanto en tanto. Se mueven de forma agrupada en grandes bloques. Hay muy pocas pancartas. Solo de tanto en tanto se apunta un color, un algo distinto. Y nunca falla. Siempre es la marea verde con una conga o un dragón improvisado, etc.
La cosa podría haberse quedado ahí, pero según la movilización va pasando se produce un efecto extraño. De pronto, el segmento de edad desaparecido hace presencia y cambia el tono de la movilización. Carteles improvisados, pancartas por todas partes, mensajes irónicos, rimas improvisadas. Padres y madres con sus hijos, parados que no salían en Los Lunes Al Sol, trabajadores autónomos, informáticos, estudiantes universitarios, licenciados en todo y nada. Otro
mundo. Otro planeta. Acompañan al “bloque crítico” convocado desde la asamblea general de Sol, pero es difícil saber si se sienten apelados directamente por su condición de “crítico” con los sindicatos o simplemente sienten que ese es su bloque por ser el convocado desde Sol. En realidad, poco importa, porque solo la presencia de la gente, su forma de estar en la calle, ya transforma ese segmento de la manifestación en otra cosa. Ese “estar” no se expresa solo en la edad o en el aspecto, el tono de los cánticos (aquí si hay) en el mar de manos levantadas en signo afirmativo que aprendimos este Mayo pasado y que aparece de tanto en tanto como un código morse colectivo. También se expresa en que la movilización enfila alegre, encabezada por la pancarta del bloque crítico hacia la Gran Vía, como sucedió tantas veces a lo largo del verano y el pasado 15 de Octubre.
Un hombre, que está a mi lado me dice que no vaya con ellos, que son “otros”. Le digo que por qué dice eso, pero no sabe explicarme. Le digo que llevamos haciendo eso desde hace meses, tomando la calle tranquilamente, pero con absoluta determinación, le digo que no se preocupe, que somos muchos, que no va a pasar nada. La policía, de hecho, está desbordada por gente que no le concede demasiada importancia. Abren el camino para que un pequeño grupo de esos que suben hacia arriba pase. El sentido es evidente, dejar pasa a unos y luego volver a cerrar, identificar a esos como esos “otros” que sirven para componen una foto cómoda para el gobierno. Pero no pueden. No pueden porque más y más gente les desborda y tienen que abrir del todo. El señor con el que hablaba ya se ha ido.
Una crítica, entonces, que no se expresa en el decir, sino en el hacer. Un ser otro que no se construye por diferencia, sino como suma. Otro amigo me dice que somos “el condimento”. No es una movilización que parasita a la sindical, tampoco el motor de la misma, sino una otra forma protagonizada por otra gente.
La cuestión entonces es:
¿Cómo construir un conflicto en torno a la reforma laboral que tengan en cuenta, al menos, a las dos composiciones? ¿Qué derechos necesita cada una de las dos composiciones y de qué manera podemos expresarlos?
Eso no podemos responderlo aún. Son las prácticas las que determinan el espacio político. Son las herramientas las que resultan importantes. Pero el 19F, el movimiento que nació en mayo enfrentó por primera vez una cuestión estrictamente ligada a lo laboral, a lo productivo y reproductivo, a los derechos y las organizaciones tradicionales. Y demostró ser una anomalía que no puede ser reducida ni representada por las cúpulas sindicales, sino que tendrá (tendremos) que encontrar, un camino propio.









No intentamos engañar a nadie, solo somos consecuentes . Soy joven y gracias a CCOO y UGT jamás voy a lograr disfrutar de una pensión pública. Es un hecho objetivo que no admite discusión. Aprovecho para denunciar que estos sindicatos han tratado de capitalizar las protestas contra la reforma, al igual que lo ha hecho con la marea verde , vendiendo el discurso “vamos despacio , porque vamos lejos”. No se ha logrado nada aparte de enquistar el problema. Otra realidad es que los sindicatos pactan despidos y se llevan dinero de los ERES, un escándalo, que desde luego da razones a la prensa de la derecha para que carguen contra ellos. QUEREMOS SINDICATOS DE VERDAD
Totalmente de acuerdo, los sindicatos no dan la talla, ni antes ni en el actual escenario, pero ¡OJO!. Necesitamos un sindicato más fuerte, que no es lo mismo que eliminar sindicatos y quedarnos sin nuestro escudo ante los constantes ataques de poderosos. Que ya caerán.
Salud.
Lástima que intentéis manipular así. Juventudes de CCOO con decenas de tambores, Precarios on Tour (CCOO), multitud de familias con críos, veinteañeros y treintañeros…definitivamente queda claro que sois una pata más de la derecha. No engañáis a nadie.
Yo estuve ahi. Iba con mi pancarta. Ver a “mis abuelos” llamandome facha, pidiendome el carnet del pp fue algo que no fue plato de buen gusto.
Me fui antes, porque lo unico que veia eran banderas pagadas con los impuestos de miles de trabajadores durante los 7 años de paz social (o traicion segun como se mire) de gobierno del psoe en los que religiosamente, los sindicatos ugt y ccoo recibian millones por evitar conflictos laborales con la patronal (la cual tambien estuvo chupando del bote).
¿Manipular? Me siento manipulado por las cupulas sindicales de este pais de mierda, porque el año pasado cuando unos pocos (muchos) esperabamos una huelga general, sus dirigentes (los suyos no los mios) estaban firmando un retraso de la edad de jubilacion, despues de haber montado el paripe de la huelga general.
Seguramente sea mi condicion de “pata de la derecha” como dices.
O puede ser tambien, que considere productivo realizar una critica, la misma que hacia mi profesor de derecho sindical, por la actitud pactista de las cupulas de sus sindicatos y el colaboracionismo con el gobierno y la patronal. ¿Donde esta pues la independencia? ¿Indepen que?
Pues si amigo, la verdad pica. Pero el futuro puede picar mas.
Mi opinion, 2 opciones. O disolverse como sindicatos y formar otra cosa. O que desde las bases de vuestros sindicatos (bases, ¿eso estaba olvidado?) generar la corriente de cambio necesaria para que volvais a ser independientes.
Otra opcion, que acabo de caer. Continuar en la misma linea y seguiir pactando y vendiendo a los trabajadores.
Un saludo
Vamos a ser constructivos para nosotros y destructivos para los que nos atacan y traicionan.
Juntos y unidos en la buena dirección venceremos. Muy importante estar unidos y en la buena dirección.
Hay que purgar sindicatos o hacer otro más a la altura.
¡Ánimos!
http://www.expansion.com/2010/09/16/economia/1284591099.html
CCOO UGT son los sindicatos de la transición,, ya no valen para los modelos productivos del siglo XXI , con un 90% de trabajadores temporales. Ya no valen , quizás sí para los funcionarios y como gestoras de servicios a los trabajadores / desempleados (cursos para puntuar en oposiciones, asesoría legal etc) , pero no para defender los derechos de la mayoría de los trabajadores. Para ser un sindicato moderno no es suficiente tener una web. NO A LOS SINDICATOS AMARILLOS
Hay que ser críticos a muerte, podar todo lo que haya que podar, pero sin quedarnos con el culo al aire que eso es lo que quieren los de la derecha, y ver como nos desprotegemos a nosotros mismos.
Regar con formas constructivas, EXIGIENDO y PARTICIPANDO.
¡Adelante y sin miedo, pero con cabeza más que nunca!.
En momentos tan críticos hay que tener más espíritu convergente que divergente. A no ser haya otro tipo de aspiraciones distintas al bien común por alguno de los miembros.
Somos diferentes cada individuo, pero ahora hay que buscar la unión y no la desunión, que aquí tod@s tenemos defectos y variedad.
15M no es más que un fenómeno de indignación desorganizado, que debe organizarse pero NUNCA comenzar de cero. Pues la historia tiene grandes herramientas que deben adaptarse al siglo 21, pero no queramos inventar la rueda por nosotros mismos. Inventemos una rueda mejor, ESO SÍ.
Los sindicatos han dejado mucho que desear, CIERTO, pero cuando las cosas iban bien, ¿donde estaba 15M cuando los niños pasaban hambre en África?; No queráis ser más listos y solidarios que nadie, que aquí tod@s dejamos mucho que desear, así que, no nos dividamos y le hagamos el favor a la derecha.
Saludos compañer@s y avance a un mundo mejor, para tod@s y en armonía con la naturaleza.
Efectivamente, la sociedad está fractalizada. El capitalismo ha conseguido que quien tiene trabajo, aún precario, acepte cualquier cosa para mantener su empleo, mientras quien está en el paro tiene un futuro de precariedad asegurado con reformas laborales y acuerdos de los sindicatos institucionales.
Pero, al fin y al cabo, ese es el problema, la clase obrera (sí, porque esto sigue siendo una lucha de clases) hemos perdido la conciencia de ser un colectivo afectado por el mismo problema; el capitalismo. Y es evidente que si UGT y CCOO se ven rechazados hoy por mucha gente, es por el patético entreguismo desarrollado durante los últimos 37 años que les ha hecho aparecer más cercanos al poder que a la clase que dicen representar.